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Descubriendo nuevas capacidades a través del voluntariado

Desde hace unos meses he escrito varios post sobre voluntariados y voluntarios. He hablado con los valientes que se han ido a la Fundación Annur, en México y a la Fundación Vicente Ferrer, en la India, para realizar actividades de desarrollo en diferentes ámbitos. Os expuse el caso de Jordi Guilabert, un traductor que se ha ido a la zona más pobre de la India, Annantapur, para ayudar en la comprensión de los idiomas y el de Inés Carrasco, una estudiante de fisioterapia que ha pasado un mes en México realizando terapias con niños.

Estos programas de voluntariado, que se llevan a cabo a través de la Fundación Universia para estudiantes con discapacidad, llevan menos de un año pero han recibido muchas solicitudes. La respuesta del éxito de estas actividades puede ser que la sociedad cada vez está más concienciada de la ayuda que se requiere en las zonas desfavorecidas. Y no solo hablamos de zonas, también se trata de situaciones concretas que muchas veces tenemos ante nuestros ojos y necesitan nuestro impulso social (niños enfermos, ancianos, personas con discapacidades que requieran de ayuda especial, pobreza o falta de recursos…).

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Pero tras hablar varias veces sobre los voluntariados, todavía no me había detenido a analizar la experiencia que se vive en primera persona y los beneficios que puede aportar una actividad de este estilo. Para entender bien esta situación, he contado con la ayuda de Raquel Correa, responsable de las acciones de voluntariado de la Fundación Universia, que nos cuenta sus vivencias como voluntaria en esta entrevista:

M Antes de comenzar tu labor como responsable de los programas de voluntariado de la Fundación Universia, has sido voluntaria en diferentes causas y has vivido la experiencia en primera persona. ¿Cómo has vivido el voluntariado? ¿Qué valores te ha aportado y qué te ha enseñado?

R Desde el primer día en el que llegué a un campamento para personas con discapacidad física y psíquica severa, mi vida cambió. Era una adolescente todavía cuando tuve mi primera experiencia como voluntaria, que resultó ser una actividad valiosísima para mi desarrollo personal. Algunas capacidades que he podido observar en otros voluntarios, e incluso en mí misma, es el compromiso, la empatía y a escuchar más y observar mejor. No obstante, las enseñanzas y lo valores varían según la actividad  que se realice, la gente con la que participes o el objetivo con el que lo hagas, pero lo que sí tengo claro es que cada persona lo vive de una forma diferente e impacta en su aprendizaje de una forma diferente.

M ¿Nos puedes contar un poco cómo surgieron las colaboraciones con la Fundación ANNUR y con la Fundación Vicente Ferrer? ¿Qué tipo de voluntariado tienen que hacer los estudiantes allí?

R Desde la Fundación Universia se ha trabajado en la inclusión laboral de personas con discapacidad mediante la incorporación en empresas en forma de prácticas o contrato. Debido al constante cambio de la sociedad y de las propias empresas, cada vez más se solicitan experiencias vitales que favorezcan entornos diversos en la empresa. Tener experiencia de voluntariado aumenta la empleabilidad del estudiante, ya sea por las competencias personales adquiridas como la experiencia profesional no remunerada que hayan podido desarrollar. Por este motivo, desde Fundación Universia se comenzó esta colaboración, para que los estudiantes voluntarios puedan obtener una experiencia internacional, profesional y comprometida, llevando a cabo tareas relacionadas con sus estudios, como pueden ser actividades sociosanitarias de psicología y fisioterapia en la Fundación Annur, o de traducción de textos en la Fundación Vicente Ferrer. Cada una de las entidades tiene diversas tareas para que los voluntarios puedan desarrollar su labor; en México con la Fundación Annur buscan perfiles relacionados con la educación o la psicología, fisioterapia o terapia ocupacional; y en la Fundación Vicente Ferrer desde periodismo, profesores de idiomas, traductores, técnicos de desarrollo local, e incluso profesores de agricultura.

M ¿Qué tipo de perfiles se prestan más a donar su granito de arena y a dedicarse a ser voluntarios?

R Cuando conoces por encima las labores de voluntariado, siempre se tiende a pensar que son los perfiles de la rama social los que se involucran más en estas actividades, normalmente por las oportunidades de voluntariado que se publican en portales de todo tipo. Nada más lejos de la realidad, durante mi tiempo como voluntaria así como en la colaboración con distintas entidades, he podido observar cómo se desdibujaba este estereotipo del voluntariado y te das cuenta de que cualquier persona tiene potencial y ganas para aportar su granito de arena, desde las ramas más técnicas, pasando por las de la salud o del mundo de lo social.

M El voluntariado se percibe como una experiencia añadida, de la que se pueden aprender muchas cosas al salir de nuestra zona de confort, ¿Qué crees que buscan las personas, sobre todo los jóvenes, cuando se apuntan a un voluntariado?
R Al igual que no hay un perfil único para ser voluntario, tampoco hay una motivación única. Puedes tener una motivación o varias, pero lo importante es que perduren en el tiempo ya sea gracias al apoyo de la entidad, la formación y la reflexión sobre la labor realizada. Algunas de las motivaciones para embarcarse en estos proyectos de vida son: Solidarias, afectivas, adquirir experiencias profesionales, ideológicas o políticas, vocacionales, establecer vínculos personales, ganar prestigio, vivir aventuras, familiares, activistas, espacio de encuentro, ¿Cuál sería tu motivación?

Recojo la pregunta que hace Raquel, y me digo: ¿Mi motivación? ponerme en la piel de las personas que viven situaciones diferentes a la mía. Siento curiosidad por saber cómo es la vida desde otras perspectivas. Creo que todos tenemos alegrías, dramas, felicidad o trabas, entre otras cosas, y me gusta conocer cómo afronta cada uno su realidad, porque todo tiene una explicación. Creo que el voluntariado es una actividad que nos permite descubrir características y capacidades de nosotros mismos que no conocíamos, habilidades que no sabíamos que existían en nuestro interior. Es destapar nuestra personalidad y conocernos un poco mejor.

Además, creo que todos podemos hacer labores de voluntariado todos los días. No solo se trata de apuntarnos a una actividad concreta, sino de intentar hacer el ejercicio que acabo de exponer con cada una de las personas que se cruzan en nuestra vida. Quiero cerrar el post de la semana dando las gracias a Raquel por contar su experiencia y hacernos entender un poco cómo se vive un voluntariado. Os invito a todos a que la respondáis y nos la contéis. ¡Hasta el jueves que viene!

 

Miriam RV

 

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