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Soy Jimena

Hola amigos, soy Jimena y estoy haciendo unas prácticas durante el mes de julio en Fundación Universia, una entidad sin ánimo de lucro que ayuda a universitarios con discapacidad y pertenece al Grupo Santander. Os cuento un poco sobre mí.

Tengo diecisiete años, y la verdad que aún no sé qué quiero estudiar, pero aún me queda un año por decidir, así que no es importante. Me gusta el deporte, la lectura, quedar con mis amigos… en fin, que soy una chica madrileña normal de mi edad.

Yomar y Marta, mis compañeras de comunicación, me comentaron que podría participar en las entradas semanales del blog durante mi mes de prácticas. Yo encantada, sonreí y asentí. “Jimena, si te apetece podrías hacer más entradas que las rutinarias”. De nuevo, sonreí y asentí. Planazo.

Además me propusieron que intentase expresar qué es para mí la discapacidad, y cómo va evolucionando mi visión al respecto, a medida que transcurren mis días en Fundación Universia. No respiro.

¿Qué? Si eso es un tema tabú, ¡no se debe de hablar! Estaba escandalizada por dentro, más bien aterrada, ¿Y si digo algo que no debo? Es un tema que siempre se intenta evitar por miedo a hacerle daño a alguien, o no ser “políticamente correcto”.

Entonces, es cuando me di cuenta de lo siguiente: me han pedido que reflexione sobre la discapacidad. Por eso mismo, porque pensamos que es un tema tabú. ¿Y sabéis qué? Que no tiene porqué serlo.

Si fuera rubia, ¿Sería tabú hablar de que Jimena es rubia? Si llevara gafas, ¿les dirían las madres a sus hijos en el supermercado que no me miren, que es de mala educación? Si me gustara más el chocolate blanco que el negro o el con-leche, ¿la gente huiría del contacto visual conmigo cuando se lo dijese?

Entonces, si tuviera una discapacidad de cualquier tipo, ¿por qué se me trataría diferente? ¿Por qué se evitaría el tema de mi discapacidad? No podemos cambiar las cosas con las que nacemos: color de pelo, ver o no ver bien, nuestros gustos, ¡nos viene de serie! Somos como somos, y punto.

HABLEMOS DEL MIEDO

Lo que vengo a  decir con esto, amigos, es que  el miedo a hablar de la discapacidad es un miedo absolutamente infundado. ¿Por qué la sociedad nos condiciona a temer un aspecto personal que en el fondo es como cualquier otro? Tenemos que perderle el miedo a este tema y tratar la discapacidad abiertamente.

No debería de afectar emocionalmente a nadie tener una discapacidad, porque no es nada malo, al igual que a un rubio no le afecta ser rubio, ¡porque no es un crimen! Es que es lo mismo: ser rubio o moreno,  tener una discapacidad o no, ser alto o ser bajo… no se puede cambiar.

Entonces, ¿por qué no cambiamos nuestra percepción sobre ello? ¡Dejemos que el niño del supermercado le pregunte a su madre qué le pasa a una persona con discapacidad! Expliquémosle, que cada persona es como es, y no hay que avergonzarse nunca de nosotros mismos.

Mejor aún, que se acerque directamente a esa persona y que se lo pregunte a ella. Esto causaría la aceptación de la discapacidad y haría que el niño ya no le encontrara interés a mirar a una persona con discapacidad,  lo reconocería como un igual. Le restaría estigma.

Escribiendo esto me he dado cuenta de que cuando me creo que estoy siendo “políticamente correcta” al evadir el tema de la discapacidad, en realidad solo estoy equivocada, porque no es un tema prohibido al no ser algo malo.

De hecho, me doy cuenta de la falta que hace que se incluya en nuestra sociedad sin llamarnos la atención.

Bueno amigos, ya me despido. Pero antes quiero agradecer a todas las personas que puedan no estar de acuerdo conmigo, que me den un voto de confianza y vean este ejercicio en clave de ciencia. Estas tres semanas en Fundación Universia van a ser para mi un aprendizaje en muchos sentidos y estoy segura de que volveré a repensar y profundizar sobre muchas ideas que pueda haber plasmado hoy aquí. 

Volveré a escribir esta semana, espero que lo que he dicho hoy os haga reflexionar… ¡A mí desde luego que me ha hecho pararme a pensar!

JIMENA

JIMENA

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